Albarracín, provincia de Teruel, Aragón, España. Fotografía bajo licencia Creative Commons tomada de Wikipedia.

Albarracín

Ubicado en el corazón de la sierra del mismo nombre, la pequeña ciudad de Albarracín se encuentra en la región sur-oeste de Aragón. Este precioso pueblo medieval atrae la mirada por sus casas de color ocre y murallas construidas en el siglo X por los árabes y luego reconstruidas en el siglo XIV.

Un despeñadero, de Albarracin sumerge al río Guadalaviar. Cerca de allí, se podrá explorar las pinturas rupestres en varias cuevas de la Sierra de Albarracín, empezando por las de Callejón y la Cueva del Navaza.

El pueblo da su nombre, Albarracín, a una montaña situada en la parte suroeste de Aragón. Se encuentra cerca de la antigua ciudad romana de Lobetum. Los árabes dieron al lugar el nombre de Alcartam que deriva del antiguo Ercávida, más tarde llamado Aben Razin, el nombre de una familia bereber de la tribu Hawara, de ahí su nombre actual deriva. Otros piensan que la palabra «Albarracín» se deriva del celta alb: «montaña» y ragin, «viña» ‘uva’ o del antropónimo Razin.

La Ciudad de Albarracín es Monumento Nacional desde junio de 1961. En diciembre de 1996 recibió la medalla de oro al merito en las bellas artes. Actualmente se encuentra propuesta por la UNESCO para ser declarada Patrimonio de la Humanidad.

El principal encanto de Albarracín consiste en callejear por todos sus rincones. No hay nada mejor que visitar la ciudad y subir a las murallas. Cualquier ruta que nos planteemos hacer tiene como punto de partida la Plaza Mayor. Es recomendable que el turista lleve zapato cómodo pues todas las calles están empedradas, con cuestas y escaleras, y la subida a las murallas se realiza por un camino de tierra.

Albarracín, provincia de Teruel, Aragón, España. Fotografía bajo licencia Creative Commons tomada de Wikipedia.
Albarracín, provincia de Teruel, Aragón, España. Fotografía bajo licencia Creative Commons tomada de Wikipedia.

Rutas por Albarracín

Plaza Mayor de Albarracín

La Plaza Mayor da acceso a un barrio de casas de piedra caliza en la base, a menudo se construye la primera planta en voladizo y se cubre con yeso de arcilla rosa. Las fachadas están finamente ornamentadas: balcones, ventanas y carpintería de hierro forjado y un escudo de armas familiar suele vestir estas fachadas.

Pese a la forma tan irregular de Albarracín, en el centro geográfico del pueblo se encuentra la Plaza Mayor, que sirve como punto de partida para las diferentes rutas o paseos que daremos por Albarracín. Los dos edificios más característicos de la plaza mayor de Albarracín son el Ayuntamiento y un edificio que te llamará seguramente la atención por su balcón esquinero.

El edificio del Ayuntamiento de Albarracín data del siglo XIV, pero su forma actual le vino dada con la reforma que hicieron en el siglo XVI. La planta del ayuntamiento tiene forma de «U» regular, cerrando casi la mitad de la plaza. El piso bajo tiene recios soportales con arcos de medio punto, salvo en el tramo central, que está arquitrabado. El piso superior del ayuntamiento de Albarracín presenta un balconaje corrido a lo largo de toda la fachada con barandilla de forja, destacando en el centro el escudo de armas de la ciudad. Al exterior, frente al río, destacan unos vigorosos contrafuertes que sirven de basamento a la mayor parte del edificio.

Ruta por la calle Portal de Molina en Albarracín

El principio de la calle del Portal de Molina es una típica calle de Albarracín, estrecha, donde los aleros de las casas parece que se toquen. Más adelante, en un ensanche, se encuentra la plazuela de la Comunidad, llamada así por hallarse allí la señorial mansión de esta típica institución de la Sierra.

Esta institución está integrada por la ciudad y 22 pueblos propietarios de grandes áreas de la Sierra, que se regía de acuerdo con sus fueros y privilegios medievales que reconocían el derecho consuetudinario o tradicional que estableció la explotación en común de los pastos y bosques, principal riqueza del país. Las instituciones y privilegios medievales quedaron derogados tras las alteraciones políticas acaecidas en el siglo XVI en Aragón, aunque la propiedad comunal de la mayor parte de los montes se ha conservado hasta hoy. La Casa de la Comunidad debe ser uno de los edificios más antiguos de la ciudad y destaca su arco de medio punto de la puerta principal y la labor de forja de sus rejas con decoración de aves estilizadas.

Enfrente de la Plaza de la Comunidad se encuentra una de las puertas de la muralla de Albarracín, el Portal del Agua, que permitía la bajada al río por el lado sur. De él se conserva su arco y una torre adosada al recinto interior, que lo defendía. Frente a esta puerta, al otro lado del río, se alzaba la torre de la Muela, hoy arruinada, que protegía el acceso desde la ciudad al río. Antes de llegar al Portal, a la derecha hay una pequeña calle que nos lleva a un pequeño jardín-mirador desde el que se divisa la parte posterior de la Catedral y el castillo.

Al final de la calle del Portal de Molina se encuentra, haciendo esquina derecha, la casa de la Julianeta, uno de las casas que más identifica a Albarracín. La casa parece que desafía la ley de la gravedad, sin apenas una vertical en su estructura. Enfrente se encuentra el Portal de Molina, llamado así porque de él partía el camino que iba a la ciudad de Molina. Está formado por dos sólidos torreones cuadrados y poseía un matacán, hoy destruido, para arrojar objetos a los atacantes.

Pasado el Portal de Molina se entra al llamado barrio de Los Palacios, cuyo origen se remonta al sitio que puso Pedro III, quien ordenó, antes de que llegara el crudo invierno, levantar unos edificios para expresar su firme voluntad de continuar el asedio hasta rendirla.

De vuelta a la Plaza Mayor lo hacemos por la calle de Santiago, que corre paralelamente a la calle del portal de Molina, pero en un plano superior. Nada más empezar la calle, a la izquierda, tenemos otro rincón típico de la ciudad, el llamado rincón de la Panadería sobre la parte alta del portal de Molina. La calle nos lleva hasta la iglesia de Santiago, cuyas obras comenzaron hacia 1600 pero que tras sufrir una interrupción no terminaron hasta el siglo XVIII. Tomás Laguía conjetura que la advocación de Santiago se eligió por la especial amistad que los Azagra tuvieron con la Orden Militar de Santiago, y recoge la tradición popular que el edificio de enfrente, hoy Hotel Casa de Santiago, fue la casa de los caballeros de la Orden en Albarracín. La calle termina en unas escaleras que nos llevan de nuevo a la Plaza Mayor.

Ruta por la calle Azagra en Albarracín

Desde la plaza Mayor de Albarracín, en dirección al este, discurre la calle Azagra, serpenteando, hasta el desaparecido Portal de Teruel. Además de su carácter sinuoso, es muy estrecha, al punto de que algunos de los tejados se sobreponen casi sobre los de las casas fronteras, impidiendo que los rayos solares lleguen hasta el pavimento empedrado, con lo cual su ambiente penumbroso le presta un carácter misterioso. Superando el trozo más estrecho, partiendo de la plaza, encontramos la calleja del Postigo, que continuada por una escalera lleva hasta el túnel de la carretera.

En esta calle se encuentra la casa de los Navarro de Arzuriaga y la de la Brigadiera. La primera debió ser originariamente construida en el siglo XVII. En el siguiente siglo, al convertirse los Navarro en la familia más influyente de la tierra, remodelaron el edificio decorando la fachada con elementos que recuerdan los de construcciones andaluzas de esta época, sin duda fruto de las relaciones a que la trashumancia obligaba con aquella región. En esta casa destaca su torre-lucenario y sus bellas escaleras. La casa de la Brigadiera, hoy transformada en el hotel Albarracín, pudiera datar en su estructura actual de mediados del siglo XVI. La parte posterior asienta sus fundamentos en los escarpes rocosos que delimitan la parte oriental de la ciudad.

Enfrente de la Casa de la Brigadiera se haya otra casa noble, de los Dolz de Espejo, datada entre los siglos XV y XVI. A continuación se haya el arranque del desaparecido hace un siglo Portal de Teruel, que fue el más importante de la ciudad. Atravesada la puerta, había un camino, la actual «cuesta de Teruel», cuyo edificio más importante es el Colegio de Escolapios, sin duda el inmueble de mayor tamaño de cuantos hay en la ciudad, hoy ubicación del hotel Arabia. Se empezó a construir en 1742, siendo de una gran severidad y sobriedad. Junto al colegio se encuentra la iglesia, buen ejemplo de la arquitectura que caracterizó las iglesias del siglo XVIII en la Sierra.

Al volver a la Plaza Mayor podemos tomar la calle del Chorro, que arranca justo desde la esquina superior de la casa de los Navarro formando un típico rincón albarracinense. La calle sube en empinada cuesta hasta la fuente que le da su nombre y desciende suave hasta la casa del balcón esquinero de la Plaza Mayor de Albarracín.

Albarracín - Vista con catedral. Fotografía tomada por Ecelan
Albarracín – Vista con catedral. Fotografía tomada por Ecelan

Ruta de la calle de la Catedral de Albarracín

La calle de la Catedral es una de las más importantes de la ciudad, y de las que más transformaciones ha sufrido. Fue la calle principal de la ciudad en el siglo X, y donde se encontraba la única puerta de la muralla, entre lo que hoy es la Casa de Cultura y Correos. En esta calle destacan tres edificios, la Casa de los Monterde, la Catedral y el Palacio Episcopal y un mirador que se hizo sobre los solares de varias casas destruidas en la Guerra Civil.

La Casa de los Monterde es seguramente el edificio con mejor traza y más cuidada construcción de toda la ciudad. La fachada, situada en la calle de la Catedral, presenta noble portalón rematado con gran escudo y bella rejería en ventanas y balcones. El lucenario superior constituye la fuente de iluminación de la mansión que tiene la particularidad de estar atravesada en la zona inferior por una calle, gracias a un pasaje abovedado.

Enfrente a la Casa de los Monterde se halla el Palacio Episcopal, del cual destaca su monumental escalera, rematada en torre-lucenario y en cuyo techo aparece el escudo del obispo Juan Francisco Salvador y Gilaberte. En el piso alto se conservan salones que servían de residencia al prelado, junto con la capilla decorada con ingenuas pinturas. En el lado que mira hacia el río tiene una bella galería de madera, elemento también característico de la arquitectura de Albarracín.

El edificio más prominente en la actual visión de Albarracín es la Catedral. Fue edificada hacia el año 1200 en la parte más elevada de la ciudad, en el emplazamiento de la antigua mezquita musulmana y sería de traza románica aunque de pobre factura. El actual templo, que vino a sustituir al anterior, data del siglo XVI. Encaramada en la difícil orografía de la ciudad, apenas tiene fachada, pues no hay espacio ni perspectiva para verla, estando flanqueada por un poderoso campanario de planta cuadrada. Son curiosos una serie de restos romanos empotrados en el basamento de la torre; de estos fragmentos destacan algunas lápidas y sobre todo el bajorrelieve de la «sartén y la aceitera», que representarían posiblemente la «pátera» y el «preferículo», usados en los antiguos sacrificios.

La Catedral de Albarracín alberga en su interior un retablo de Cosme Damián Bas, obra de 1566, así como el retablo de San Pedro, atribuido a Juan de Salas, que desarrolló su trabajo también a mediados del siglo XVI. Una visita merece el tesoro catedralicio, donde se exponen siete tapices de Bruselas del siglo XVI, que narran la historia de Gedeón, un curioso pez de cristal y otras piezas de orfebrería religiosa.

La calle de Santa María es la continuación de la calle de la Catedral, partiendo de la misma torre. Primero se estrecha junto a la casa rectoral del Salvador, pero luego se ensancha al acercarse al albergue de Rosa Bríos. En esta calle existe la casa de la Capiscolía, propiedad del «capiscol», un canónigo de las antiguas catedrales que ostentaba una dignidad semejante a la actual del chantre. Al otro lado se alza el caserón señorial de los Pérez de la Morena, que abre sus balcones al río Guadalaviar. Desde el albergue se desciende por la carretera de subida a la ciudad hasta la iglesia de Santa María y la Torre de Doña Blanca, únicas edificaciones que quedan del Convento de los Dominicos, del cual no queda nada, y actualmente está convertido en cementerio.

La iglesia de Santa María fue el primer templo del Albarracín cristiano medieval, con anterioridad al año 1200. Su estado actual parece ser la última obra del maestro francés Quinto Pierres Videl, que la dejó inconclusa y fue terminada por un maestro, seguramente local, a quien se deben sin duda los elementos mudéjares de la parte alta de los muros exteriores. Esta iglesia sólo se abre en Semana Santa y en Mayo. Junto a la iglesia se encuentra la Torre de Doña Blanca, que en su origen fue una fortaleza que defendía este sector de la ciudad. En sus descarnados paredones la imaginación popular forjó varias leyendas, siendo la más conocida la que tiene como protagonista a la princesa Doña Blanca de Aragón, que pasó aquí su destierro; todavía se la ve vagar en las noches de plenilunio estival, cuando baja hasta el río para bañarse. Recientemente (septiembre 2001) ha sido completamente restaurada y dedicada a sala de exposiciones.

La vuelta la podemos hacer por la calle de San Juan. Desde el actual emplazamiento del aparcamiento comenzaría la antigua judería, de la cual sólo tenemos referencias documentales pues ni una sóla casa ha quedado. Un recuerdo judaico de carácter toponímico se halla extramuros de Albarracín, al otro lado de la garganta del río, en cuyo paredón rocoso hay una concavidad llamada «Cueva de los Judíos». Los primeros edificios que nos encontramos son, a la derecha, la ermita de San Juan, obra del siglo XVII, y que tal vez ocupe el lugar de la antigua sinagoga. Enfrente, el antiguo Hospital del s.XVIII, hoy museo municipal «Martín Almagro», sólido edificio de piedra rematado por la típica torre-lucenario. Siguiendo por la calle pasamos junto al alcázar o castillo, el punto más alto del casco urbano, situado a 1195 metros sobre el nivel del mar. Actualmente se encuentra en fase de restauración de sus murallas y pronto será posible su visita interior. A continuación comienza la calle del Salvador que va a desembocar en la plaza de la Seo, en la que se encuentra la puerta de la Catedral. Frente a ésta se sitúa el albergue La Colecta, que en el siglo XVII perteneció a los Martínez de Espejo, pero hoy presenta los blasones de los Pérez Toyuela y del obispo Gilaberte. Desde aquí se ha abierto un camino que discurre por el lado noroeste del castillo desde el que se puede divisar abajo en el río el molino del Rey, al cual los judíos debían ir obligatoriamente para conseguir harina. Desde la plaza de la Seo, bordeando la Catedral, descienden unas escaleras que van a desembocar al principio de la calle de la Catedral, por donde volvemos a la Plaza Mayor.

Catedral de Albarracín

La catedral de Albarracín es el principal lugar de culto católico en Albarracín. Comparte la sede de la diócesis de Albarracín y Terruel con la catedral de Teruel.

Está construida sobre las ruinas de un antiguo templo románico de finales del siglo XII. Su primer obispo fue Andrés Santos Sampedro. A partir del siglo XVIII, el interior estaba lleno de elementos barrocos del que destacan las pilastras.

Catedral de albarracín
Catedral de Albarracín

La estructura de la catedral de Albarracín está presidida por una única nave central con bóveda de crucería gótica. De la capilla mayor destaca el retablo de 1566, obra de Cosme Damián Bas que representa la Transfiguración. De las capillas laterales, la más relevante es la del Pilar con su dorado retablo barroco. También llama la atención el retablo de la capilla de San Pedro, del que se especula podría ser obra de Gabriel Yoly.

En el exterior destaca la torre, de estilo renacentista, que presenta cuatro cuerpos siendo el último de planta octogonal.

Historia de Albarracín

En la Edad de Hierro Albarracín estuvo habitada por los lobetanos, una tribu celta. De esta época se han encontrado curiosas e importantes pinturas en el pinar del rodeno. En tiempo romano se denominó Lobetum, y en tiempos de los visigodos, Santa María de Oriente.

Edad Media en Albarracín

En tiempos de los musulmanes, la familia bereber Al-Banu-Razín convirtió estas tierras en el pequeño reino taifa de Albarracín. Parece ser que de la influencia que tuvo esta familia le viene el nombre actual al pueblo de Albarracín: Al-Banu-Razín: los hijos de Razín.

El reino taifa de Albarracín pasaría posteriormente a una familia cristiana de linaje navarro: los Azagra, que mantuvieron a Albarracín independiente de Aragón y de Castilla hasta 1170. Llegaron a tener obispado propio. Otro linaje importante en Albarracín fue el de Lara.

Pedro III de Aragón conquistó Albarracín en 1285 tras sitiarlo. Albarracín pasaría a formar parte de la Corona de Aragón en 1300. Si tienes la oportunidad de visitar Albarracín te darás cuenta de la importancia del sistema defensivo y fortaleza del pueblo.

El 21 de junio de 1257 el rey Jaime I concedió en Teruel a la Comunidad de Santa María de Albarracín o Comunidad de Albarracín el privilegio sobre competencia de jurisdicción de sexmeros, asistentes y jurados de dicha Ciudad.

Guerra Civil Española en Albarracín

Durante la Guerra Civil Española tuvieron lugar en lAlbarracín combates entre las tropas republicanas y los franquistas, cambiando varias veces manos entre ambos bandos. En julio de 1937 tuvo lugar una ofensiva republicana sobre la localidad, constituyendo el mayor enfrentamiento bélico habido en la localidad durante la guerra. En un rápido ataque, el 8 de julio los republicanos se hicieron en 1937 con el control de la localidad a excepción del Ayuntamiento y la Catedral, en los que permanecieron sitiados militares y civiles que se habían refugiado previamente. Los sublevados reaccionaron enviando refuerzos y el 13 de julio lograron reconquistar la localidad y expulsar a las tropas republicanas de su base de partida.

Subida a las murallas de Albarracín

La ciudad de Albarracín tuvo su razón de ser primordial en su ubicación estratégica en un lugar de fácil defensa situado al lado de una fértil vega. La capacidad defensiva del lugar se vio acrecentada por una serie de construcciones levantadas a lo largo del tiempo y que fue aumentando su fortaleza hasta convertirse en una plaza prácticamente inexpugnable para los medios de ataque de la época.

El sistema defensivo de la ciudad se compone de tres castillos, el principal, el del Andador y el de Doña Blanca, y dos recintos cerrados por fuertes murallas. El primero de los recintos, que corresponde a la medina o primitiva ciudad musulmana, estaba rodeado por una muralla sin torres y con una sola puerta situada en las inmediaciones de la plaza Mayor.

Dentro de este recinto había dos castillos, el principal, que esta siendo restaurado actualmente dado el estado ruinoso en que se encontraba, y la Torre de Doña Blanca, que defendía el extremo sur de la ciudad y cuya construcción debió realizarse en tiempos de Jaime II de Aragón. El segundo recinto posee las murallas más imponentes (foto 20). No sólo encerraba el caserío de este barrio, sino un amplio espacio de monte que podía servir para refugio de los ganados en caso de peligro.

Su punto más fuerte era la Torre del Andador, construcción del siglo X anterior a la edificación de este recinto exterior. La torre primitiva fue reforzada sucesivamente hasta convertirse en un castillo con su muralla, aljibe y plaza de armas. Durante el siglo XIV se debió reconstruir la casi totalidad del recinto, dotándolo de fuertes torres, cerradas las del frente norte y abiertas las del oeste, que no son más que pliegues de la muralla, que caso de ser conquistadas por los asaltantes no podían hacerse fuertes en ellas por no tener defensa hacia la ciudad.

Para subir a las murallas tenemos tres caminos. Podemos subir por la calle del Chorro, y una vez llegado a la fuente subir por unas escaleras que nos llevarán al principio del camino. También podemos subir por la calle Subida a las Torres, que arranca desde la iglesia de Santiago. Por último, podemos subir por el Portal de Molina. Desde éste se puede apreciar el sistema defensivo de la muralla, con sus torres escalonando la áspera falda de la montaña. En la foto podemos ver cómo los tres caminos convergen en uno que asciende en diagonal. Una vez arriba veremos una pequeña puerta abierta sobre la muralla desde la que se contempla toda la vega del Guadalaviar y el barrio del Arrabal. También es posible subir por un camino hasta la torre del Andador que se encuentra a 1240 metros sobre el nivel del mar. Se puede recorrer un tramo de la muralla; junto a la puerta mencionada anteriormente veremos unas pequeñas escaleras que nos llevan a la parte de la muralla que no esta almenada, y bajar, el que se atreva, hasta el torreón de la derecha, y desde éste recorrer la primera parte de la muralla este hasta el siguiente torreón. Otra posibilidad es bajar por un camino hasta la otra parte de la muralla este que nos lleva hasta el torreón redondo y más bajo, en el que termina la muralla.

Textos e imágenes tomados de Wikipedia y Albarracín.es

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