Cremona: arte en Lombardía

Cremona, en el norte de Italia, es un destino que respira arte y música. Considerada la Capital del Violín, la ciudad, que se encuentra a aproximadamente una hora de Milán, tiene fácil acceso tanto en coche como en tren, y ofrece un guión repleto de historia, sabor y sonido.

Además de formar parte de la historia de los instrumentos de cuerda, lo que le valió incluso el título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, la ciudad también guarda bellos ejemplares de la arquitectura románica y es famosa por haber creado el delicioso torrone.

Antes de embarcarse en el mundo de los violines, vale la pena visitar la Piazza del Comune, el principal punto turístico de la región. Además de su simetría que encanta a los visitantes, la plaza alberga el Duomo, que mezcla los estilos románico y gótico, y llama la atención, ya que la primera vista, con una fachada de mármol blanco; el Torrazzo, la mayor torre de la campana de Italia, con 111 metros de altura, que, desde lo alto de sus 487 escalones ofrece una de las mejores vistas de la ciudad y cuenta con un reloj astronómico del siglo XV; el Baptisterio, de 1187, el Pallazio del Comune y la Loggia dei Militi.

Fuera de la plaza, se encuentran otros edificios imprescindibles, como el Teatro Ponchielli, del siglo XVIII, uno de los más famosos de Italia, que encanta con sus figuras pintadas en el siglo XIX. Para asistir a un concierto allí, es necesario comprar las entradas con bastante antelación, ya que la demanda es grande.

El sonido de los violines

Ya mencionamos que los instrumentos de cuerda son un capítulo a parte en Cremona, por lo tanto, nada mejor que un itinerario basado en ellos. La ciudad es conocida desde hace más de 500 años por el arte de la fabricación de violines y fue la residencia de algunos de los más famosos fabricantes como Nicola Amati, Antonio Stradivari y Giuseppe Guarneri.

Hoy en día, cuenta con más de 140 tiendas y talleres que fabrican artesanalmente, además del violín, instrumentos como el violonchelo, el contrabajo y violas. Además de admirar este arte, los turistas tienen la posibilidad de aprender el clásico método cremonese de fabricación.

Y para quienes quieren conocer más sobre la historia del típico instrumento, el Museo del Violín es una parada obligatoria. Situado en el Pallazo dell’Arte, el espacio representa desde los primeros violines fabricados por Nicola Amati, que eran suministrados a la corte francesa, hasta el arte que hoy en día viene siendo preservado y pasado de generación a generación. Allí también es posible disfrutar de un hermoso concierto.

Para cerrar con broche de oro este paseo por las cuerdas, vale la pena hacer una visita a la casa de Stradivari, uno de los más famosos luthiers del mundo, que ha dado origen al violín Stradivarius.

Música a parte, Italia es un país donde cualquier itinerario debe incluir comida. Es imposible no deleitarse con las maravillas de la Vieja Bota. Y en Cremona no es diferente.

Aquí, el torrone es el manjar más disputado. Según cuentan, el dulce fue creado para ser servido en una boda en 1441 y recibió ese nombre en homenaje a la gran torre de la campana de la ciudad. Desde entonces, se ha convertido en tradición en la ciudad.

El torrone también es motivo de fiesta en el lugar. En noviembre, tiene lugar la celebración en la Piazza del Comune, con diversas tiendas y tipos de dulce (desde el tradicional hasta el limoncello).

Además de la fiesta, uno de los lugares más tradicionales para degustar el torrone de Cremona es el Emporio Sperlari.

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