Alhambra de Granada

Descubre Granada

La Alhambra sigue siendo su principal imán, pero no lo es todo. vas a encontrar una ciudad muy viva, de actividad cultural desbordante y un clima singular. Ahora vive tiempos de remodelación. Aún así, te enamorarán sus calles, bares y, sobre todo, su gente.

Llegar a Granada en coche es fácil por la autovía de Andalucía. Desde Madrid te llevará poco más de 3 horas. Si prefieres el avión, hay vuelos diarios desde Madrid, Barcelona, Melilla y Palma de Mallorca. Ojo: el aeropuerto está a 15 km del centro, en Chauchina, y sólo pueden recoger viajeros los taxistas de este pueblo. A menudo la espera se hace eterna. Un truco: reserva un teletaxi desde tu ciudad de origen (Tlfno. 958 28 06 57).

Alhambra de Granada
Alhambra de Granada. Fotografía: Copeau (Flickr)

Información 100% fiable

Cuando llegues, pásate por la Oficina de Turismo del Patronato, en la plaza Mariana Pineda, 10 (Tlfno.- 958 24 71 28). Funciona muy bien, de 9 a 20 h (do-mingos de 10 a 15 h). También puedes contactar con la Asociación de Guías de Turismo (Tlfno.- 958 22 99 36) o con la em-presa Turi-Granada (Tlfno.- 958 22 59 29) que reserva hotel y visitas a la medida.

La Alhambra de Granada

Al-hamra, la Roja. Así la bautizó yusuf I, su fundador. aquí te la mostramos transparente, sin trampa ni cartón

Tanto si es la primera vez como si repites, la Alhambra siempre tiene algo nuevo que contarte. Piensa que no se trata solamente de un palacio, sino que era una ciudadela en la que habitaban unas 2.000 personas, con su medina, jardines, baños públicos, fortaleza, mezquita, etc… Una visita en condiciones te llevará, como mínimo, tres horas. Eso sí, cuentas con mil lugares donde sentarte a descansar y disfrutar de increíbles vistas.

El nuevo acceso conduce directamente, por la Acequia Real, hasta lo que es la Alhambra desaparecida (el Secano), que albergaba la Medina, donde vivían las familias notables y los funcionarios. Verás los cimientos de lo que fue, por ejemplo, el palacio de los Abencerrajes. Si dejas a tu derecha el actual Parador de Turismo, llegarás hasta un edificio abierto al público recientemente: los baños de la Mezquita Mayor.

Es un rincón curioso, donde se aprecia el diseño copiado de las termas romanas: sala fría, sala templada y sala caliente. La calle Real lleva hasta las puertas del palacio de Carlos V, para algunos un pegote en mitad de la Alhambra, para otros un capricho real que salvó del abandono a la ciudadela árabe. Aunque seas de los que piensan lo primero, entra. En su interior se ha instalado el Museo de la Alhambra, que te ayudará a entender cómo era la vida cotidiana en la morada real. Lo mismo que la adyacente Sala de Presentación, otra novedad. No te la saltes como hace la mayoría de los turistas; sólo necesitas un cuarto de hora, pero merece la pena. Además de las maquetas que muestran la estructura original de la Alhambra, podrás ver cómo se recuperaron las zonas abandonadas durante siglos.

Aire, luz y agua

Enfrente está el acceso a los Palacios Nazaríes, la joya del recinto. Recuerda que tienes 30 minutos para verlos (en la franja horaria que marque tu entrada) y que los guardas son bastante estrictos, sobre todo con los grupos. Te esperan auténticas maravillas: el salón de Embajadores, el patio de Arrayanes, la sala de la Barca, el mirador de Lindaraja y, por supuesto, el patio de los Leones. El libro La Alhambra de cerca (Edilux. 8 €) será una buena compañía mientras deambulas por salones y jardines, aunque desvelar cada secreto de su arquitectura es casi imposible.
Quédate con el aire, la luz y el agua, presentes en todas las estancias; con las frases en árabe que rebosan las paredes, como la omnipresente Sólo Allah es vencedor; y con los colores de techos y mocárabes. La gran mayoría se ha perdido pero, si te fijas, hay partes rehabilitadas, siempre en una esquina o encima de un arco.

Atraviesa la Puerta del Vino y haz un alto para un café en el quiosco Los Alijbes, con vistas al Albaicín. Tienes la Alcazaba ante ti, con sus imponentes murallas. Sube a la Torre de la Vela, la única desde la que se obtiene una vista de 360ºC sobre Granada. Luego, asciende despacio, respirando el aire serrano, hasta el Generalife. Su patio de la Acequia es un hermoso punto y final.

El Albaicín de Granada

Es un mundo aparte. la vida discurre entre muros encalados, patios floridos y calles peatonales. explóralo

El Albaicín posee las mejores vistas de la Alhambra. De su mirador de San Nicolás han salido las fotografías más bellas del palacio nazarí: al amanecer, al atardecer, con sol y con nieve. En este balcón tan especial siempre hay gente: turistas cámara en ristre, parejas de enamorados y, últimamente, hippies que aprovechan para sacar unas monedas por su música. A la izquierda del mirador está la Mezquita del Albaicín, recién inaugurada. Si no eres musulmán no podrás entrar, pero sí te permiten pasar al jardín, también con espléndidas vistas. Después de congelar en tu retina la imagen de la Alhambra, baja por el callejón de San Cecilio para internarte en el corazón del Albaicín.

Es como aterrizar en un pueblo, con los chavales jugando al fútbol en la calle, la gente hablando en la puerta de los comercios –esos de toda la vida– y, sobre todo, sin apenas coches: en el barrio sólo pueden entrar taxis y vehículos de residentes. En la plaza Larga, entre balcones llenos de flores, aparece Casa Pasteles, con sus famosos piononos, el dulce típico de Granada. Y por la calle Panaderos –aquí hasta los nombres suenan diferente– encontrarás algunas de las tabernas más populares, como La Castañuela o La Fragua, y una panadería, la de los hermanos Solana, que funciona desde 1864.

Anécdotas de barbería

Por todo el barrio hay aljibes históricos que han sido recuperados gracias al Fondo Europeo de Desarrollo, como el de la plaza de Aliatar o el de las Tomasas. Más adelante te toparás con la colegiata del Salvador y en la misma plaza, en el número 2, verás una placa que recuerda que aquí nació el poeta Manuel Benítez Carrasco, buen amigo de García Lorca. Si te interesa la historia, entra en la barbería de Juan, en el mismo portal. Estará encantado de contarte mil anécdotas de toreros y escritores que han pasado por sus sillones desde que hace 150 años su bisabuelo abriera el negocio. Deambula por callejas como la de la Charca o la del Agua, y enfila calle Pagés.

Pasada la placeta de Fátima enseguida verás el bar Torcuato, una casa de comidas con menús suculentos. Si te quedas en la barra, pide un chato de la casa (1 €), un mosto con alcohol que no te dejará indeferente, por no hablar de la tapa que te pondrán. El cercano mirador de San Bartolomé es otro impresionante balcón “a la capital”, como llaman en el Albaicín al centro de Granada. Te proponemos que bajes poco a poco, y que lo hagas por unas escaleras “panorámicas”.

No hay carteles, aunque los vecinos la llaman cuesta de Liñán. A cada escalón desvelarás un secreto: un carmen (patio granadino) oculto tras los muros, una plazoleta que mira a la vega de Granada o una cueva (en el nº 12) donde José trabaja sus figuras de arcilla. Y, aunque tus piernas te pidan una tregua, continúa la bajada hasta la plaza del Triunfo; no tiene desperdicio.

El centro de Granada

Monumentos y tabernas se mezclan en la zona histórica sin misticismos, pero con mucha animación.

La catedral y sus alrededores forman la parte más turística de la ciudad, exceptuando la Alhambra. Desde Puerta Real sube por la calle Reyes Católicos y llegarás ante la Capilla Real. Nada nuevo desde hace siglos, cuando se convirtió en sepulcro de reyes. Visitarla te costará 2,10 € (menores de 10 años, gratis). Y a su lado, la Catedral (2,10 €). Pero lo más divertido lo encontrarás en las calles colindantes, en la plaza Bib-Rambla o en la plaza de la Romanilla, con sus terrazas al sol, los puestos de artesanía y las tertulias improvisadas a pie de calle. Muy cerca está la vieja Alcacería o zoco árabe, que hoy en día es un reducto para turistas en busca de souvenirs. Si logras abstraerte, observa el carácter musulmán que aún conservan sus arcos y callejuelas laberínticas. Estás a un paso de la calle Elvira, llena de bares y animada a cualquier hora. En Bodegas Castañeda (Elvira, 5) o la Taberna Salinas (Elvira, 9) sirven raciones generosas. Aquí mandan los surtidos de ibéricos, las tablas de queso y las ensaladas. Dos personas pueden comer por unos 25 €.

Vas a cruzarte con estudiantes, pero sobre todo con muchos turistas. Como en las terrazas de la plaza Nueva, con precios algo más elevados que en el resto del barrio. Sin embargo, las tiendas de recuerdos que la rodean resultan más económicas que las de la Alcacería. Esta plaza se ha convertido en punto de encuentro de jóvenes okupas que viven en cuevas del Sacromonte y que no siempre siguen las normas de higiene. Pero a tenor de los comentarios de taxistas y vecinos, la cohabitación está asumida.

Marruecos en dos calles

Continúa hacia la carrera del río Darro y deja a un lado la iglesia de Santa Ana. Ojo con los autobuses y taxis, debes apartarte so pena de que te lleven por medio. A pesar de ello, el paseo es delicioso: a la izquierda, las primeras casas del bajo Albaicín y a la derecha, el río y la Alhambra en lo alto, vigilante. En línea recta llegarás al paseo de los Tristes, bautizado así por ser la ruta que hacían antiguamente los cortejos fúnebres. Hoy en día, de triste poco, sobre todo en las noches de verano, cuando se puebla de animadas terrazas al frescor del Darro.
Desde Elvira parten dos calles, Calderería Vieja y Calderería Nueva, que se han convertido en una pequeña ciudad magrebí. Cada portal es una tienda con lámparas y alfombras colgando por doquier.

Teterías y restaurantes siembran de un dulce olor el ambiente. Puedes conseguir unas babuchas de Marrakech por 10 € o una funda de cojín por 5 €. En La Flor del Té venden más de cien tipos de esta infusión desde 2 €/200 gr. También es la ocasión para probar los dulces árabes de pistacho, miel o almendra (0,90 €). Muchos comerciantes se sientan a la puerta de sus negocios fumando un narguile o jugando al backgamon. Como Said, de la tetería Al Andalus, que lleva diez años en la ciudad, o su vecino de la tienda de artesanía, Abdalá, capaz de recitarte a Lorca.

Y dos barrios más de Granada

La universidad, con su ir y venir de estudiantes y su moda alternativa; el realejo, con sus cruces y sus tapas a lo grande.

Si algo identifica a esta ciudad es la vida que le dan los cerca de 60.000 universitarios que viven y estudian aquí. En una población total que no alcanza los 300.000 habitantes, tal masa estudiantil se hace notar y mucho. La plaza de la Universidad, a media mañana, es un hervidero de gente joven. En un lateral verás la Facultad de Derecho y, aunque sólo sea por curiosidad, asómate a su patio central y a alguna de las aulas con sus viejos bancos de madera. Tómate una cañita en la cafetería Carlos I que, para no desentonar, sirve unas tapas generosas. En la zona encontrarás varias tiendas de ropa usada, con mucho éxito entre los estudiantes. Echa un vistazo en La Buhardilla; tienen camisetas a la última por 6 € y con total garantía de higiene.

Todas las prendas se compran a empresas de reciclaje o son stocks, y pasan por el tinte antes de ponerse a la venta. Gira por la calle Escuelas; en Ropero venden bolsos por 9 € y cinturones por 4 €. Muchos días, pegado al muro del Jardín Botánico, verás a Abdul, un artista granadino que vende sus acuarelas. Dos pasos más allá está el Botánico Café, un local de moda por su diseño minimalista y sus platos exóticos, como los garbanzos sefardíes (3,50 €). Si te desvías por la calle San Jerónimo, en el número 21, encontrarás una joya: Tauriq, una tienda donde se mezclan las antigüedades con objetos étnicos y muebles traídos de China. Todo un despliegue de buen gusto a precios asequibles.

¡La vin qué pedazo de tapa!

En el extremo opuesto de la ciudad se extiende El Realejo. Fue la judería de Granada y hoy tiene fama de ser el barrio más devoto. Pero también es popular por su excelente tapeo. Su corazón es el Campo del Príncipe, rodeado de bares donde por cada caña o vino (1 €) te ponen un plato rebosante de choricitos con patatas, por ejemplo. Entra en el bar Los Altramuces y en La Esquinita. En este último la especialidad es el pescaíto, pero lo mejor son las anécdotas de Ricardo. Te relatará mil historias sobre los famosos que han pasado por su local. Miguel Ríos es de los más fieles, no en vano tiene casa por aquí cerca, aunque José Saramago era su preferido. También oirás hablar el grandino más puro, sembrado de la exclamación ¡la vin!, que expresa asombro, y que resulta más rotunda aún si es ¡la vin, vieo!

Tapas en Granada
Tapas en Granada

En la cuesta del Realejo, otra pista para tapear: El Jergón, con una extensa carta de montaditos desde 1,50 €. Echa a andar por el barrio: en la calle Pavaneras encontrarás la Casa de los Tiros (XVI), con una magnífica hemeroteca, y la galería Cidi Hiaya, siempre con exposiciones interesantes (en mayo, grabados de Pere Pons. Gratis). Más allá, la iglesia de Santo Domingo y la plaza de Carlos Cano, dos rincones para visitar. Busca la placeta del Hospicio Viejo: en un palacete del XVII se ubica el Centro de Lenguas Modernas, una auténtica Torre de Babel. Aquí se imparten clases de ruso, árabe, chino, japonés, etc. Es un lugar curioso y animado para tomarse un café.

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