Plaza Wenceslao

Monumento al Emperador Francisco I

El Monumento al Emperador Francisco I, también conocido como La Fuente Krannerova, se encuentra emplazado en un pequeño parque, a pocos metros Smetana nábřeží, un terraplén de la Ciudad Vieja. Fue construido a mediados del siglo XIX, en estilo neogótico por el artista Josef Ondřej Kranner, con esculturas de Josef Max y Josef Kamil Böhm.

La estructura está en pie sobre una base poligonal, adornada por dieciséis estatuas alegóricas de las distintas regiones checas, ubicadas por encima de las columnas de la fuente, que representan las actividades más prósperas del país: ciencia, arte, paz, abundancia, labranza, minería, industria y comercio. Tiene diecisiete metros de altura en total. La pieza central sola mide casi tres metros, son tres toneladas de metal utilizadas en su fabricación. En los cuatro frentes triangulares hay leones de la República Checa y Luxemburgo, también águilas de Moravia y de los Habsburgo.

La primera piedra fue colocada en 1845, pero los trabajos se detuvieron durante la revolución de 1848, por tal motivo la instalación definitiva de la estatua ecuestre del rey Francisco I tuvo lugar en silencio y discretamente en 1850. De hecho, la situación política llevó a trabajar el diseño hacia el gótico, con líneas definidas y visiblemente oscuras.

Kranner desarrolló la fuente en colaboración con el arquitecto Vojtěch Lanna, también constructor del muelle, y con el ingeniero Romuald Božek. Entre los tres inventaron el modo de abastecer de agua el monumento, idearon un hueco debajo de la base donde colocaron un dispositivo que bombea el agua, conectado subterráneamente con la calle Divadelní.

Plaza Wenceslao

Durante más de 80 años, la fuente estuvo fuera de uso; la estatua de Francisco I (también llamado emperador Francisco II del Sacro Imperio Romano) estaba guardada en el Lapidario del Museo Nacional. Fue en 1918; el odio al gobierno republicano de Checoslovaquia y a la dinastía de los Habsburgo llevó a desarmar y ocultar el monumento. Recién en 2003, consecuencia de un proyecto de reconstrucción que empujó el gobierno praguense, volvió a ponerse en funcionamiento.

Se trata de un monumento que aún arrastra polémica, principalmente porque es muy popular entre los grupos monárquicos checos. Es común encontrar a sus pies costosas coronas de flores que, en fechas de celebración, los descendientes de familias nobles llevan en conmemoración de la dinastía de los Habsburgo.

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