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Picos de Europa

El Mirador de Ordiales se eleva sobre las camperas de Angón en un cortado vertical de más de mil metros de desnivel. Es allí, bajo las cumbres de blanca caliza, enfrentado al viento y al vértigo, donde se comprende la naturaleza de estas montañas, su belleza y su carácter. Donde se comprende que sólo así, caminando cuesta arriba con esfuerzo, resignación y tesón, puede abarcarse no ya el paisaje de las montañas y su belleza, sino también la belleza de la Tierra y del propio ser humano. Viajamos hasta los Picos de Europa.

Esta es la esencia de la montaña y su valor, no por el lugar ni por la dificultad, sino por la actitud que uno lleva consigo. Lo mismo en las más altas cumbres que en los más sencillos paseos o en un desfiladero masificado, se puede apreciar y disfrutar la sensación de formar parte de la Naturaleza y de ese algo más grande que algunos quieren llamar Dios y otros Universo.

Cuando lo único que se persigue es un coleccionismo fotográfico de lugares y bellezas, de cruces en un libro de rutas o de marcas en un registro de récord, lo que se consigue es el vacío, el absurdo y la degradación del entorno. Este es el futuro, inevitable, que les espera a los Picos de Europa. Porque ese es el negocio.

El Teleférico desde la estación terminal

El Teleférico desde la estación terminal

En apenas media hora desde el momento en que uno se baja del coche, y todavía con zapatos de tacón y ligera ropa de verano, puede situarse a casi dos mil metros de altura, en un lugar de agreste belleza, es cierto, pero de peligros reales y ya desmejorado su carácter por la violación continua que a su integridad salvaje supone la masificación turística.

Es El Cable, estación terminal del Teleférico de Fuente De, cuya capacidad de transporte fue ampliada hace un par de años para aumentar el caudal de gente que con tanta facilidad salva los ochocientos metros de verticales del precipicio.

Creado como tal a principios de nuestro siglo, el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga fue el primero de España y el segundo del Mundo gracias a la insistencia y el empeño de Don Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, cuya historia como veremos estará para siempre unida a la de estas montañas.

Peña Vieja desde el Macizo Oriental

Peña Vieja desde el Macizo Oriental

En 1995, el territorio ocupado por el Parque Nacional se amplió para incluir también a los macizos Central y Oriental. Paradójicamente, fue entonces cuando se intensificó la politización de estas montañas, sometidas desde mediados de los años ochenta a una excesiva presión turística.

El Partido Popular paralizó la creación de un Organo de Gestión y un Plan Rector de Uso y Gestión mediante la presentación de un recurso de inconstitucionalidad. El objetivo era, y es, legalizar cualquier iniciativa de explotación económica.

A través de la Canal del Río Tejo, en aproximadamente una hora de tranquila caminata ascendente, se llega desde Puente Poncebos a la pequeña aldea de Bulnes. Esta hermosa canal está ya parcialmente mancillada por el tendido eléctrico que abastece al pueblo y cuyos cables y torres metálicas siguen el curso del arroyo.

A unos diez minutos escasos de Bulnes se encuentra el Puente Colines, que atraviesa el río para dirigirse hacia el más pequeño aún Bulnes de Arriba, también llamado El Castillo, y seguir hacia la hermosa y empinada Canal de Amuesa, que rápidamente gana altura hacia los más elevados niveles de Picos.

 La Canal de Amuesa desde la Majada de Amuesa


La Canal de Amuesa desde la Majada de Amuesa

Cerca de Puente Colines está prevista la construcción de la estación terminal del funicular, tren subterráneo de cremallera que, partiendo también de Puente Poncebos, está destinado al supuesto uso de los diez vecinos del pueblo.

El funicular tiene capacidad para trasladar a Bulnes 28 personas en cada viaje, lo que supone 308 viajeros en el horario previsto de nueve de la mañana a ocho de la tarde. Y aunque públicamente afirmó que su uso sería exclusivamente para los habitantes de Bulnes, la ministra de Medio Ambiente Isabel Tocino prometió en privado al alcalde que el pueblo recibiría mil visitantes diarios.

Los propios vecinos, a poco de terminarse la primera fase de las obras, solicitaron el funcionamiento del vehículo durante las veinticuatro horas del día, lo que supondría el traslado de 672 personas diarias, a la vez que una serie de privilegios totalmente contrarios al concepto de un Parque Nacional: pistas todoterreno, caza y pesca sin limitaciones, etc.

Evidentemente las necesidades de comunicación de los vecinos, legítimas por demás, son lo de menos en este caso. Ya en 1986 los grupos ecologistas, científicos y académicos aceptaron la posibilidad de continuar hasta Bulnes la pista que ya entonces alcanzaba Pandébano, en un intento de compaginar la conservación del entorno con las aspiraciones de comunicación de los vecinos.

Pero esta propuesta no fue aceptada por la Administración, que optó por no hacer nada al ver frustrados sus planes de explotación turística de la zona. Su proyecto consistía en construir una línea de teleférico hasta Bulnes como base para una serie de ellos que permitieran alcanzar hasta la propia Vega de Urriellu.

Puente Poncebos

Puente Poncebos

Las diferentes Administraciones, y especialmente desde la ampliación del Parque Nacional en 1995, se han ocupado sistemáticamente de imposibilitar todo esfuerzo proteccionista y contaminar con argumentos nuevamente de comunicación, desarrollo económico y empleo un medio ambiente que no resulta rentable a menos que pueda hacerse cómodamente accesible a ingentes cantidades de turistas, a ser posible en sus propios coches.

En el verano de 1997 el gobierno de Sergio Marqués, Presidente del Principado de Asturias, aprobó con carácter de urgencia el proyecto de construcción del funicular incurriendo en una insólita cantidad de irregularidades administrativas entre las que se pueden mencionar:

  • Adjudicación ilegal sin concurso público de la redacción del proyecto
  • Presentación a información pública de un proyecto no válido (inacabado, sin firma del autor ni del ingeniero director, sin visar por el Colegio y sin aprobación oficial).
  • Denegación de acceso al expediente de tramitación infringiendo la ley de Derecho de Acceso a la Información en materia de medio ambiente.
  • No sometimiento del proyecto (como es preceptivo) al Patronato del Parque ni a la aprobación de la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias.
  • Violación de toda la normativa de protección del Parque Nacional Contradicción con la normativa del PORNPE (Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de los Picos de Europa).

Y todo ello contra la voluntad del Parlamento Regional, cuya Junta General del 10 de octubre se pronunció por mayoría en contra de la construcción del funicular, en un intento por preservar al Parque de los graves daños ambientales que inevitablemente van a producirse.

Haciendo caso omiso del clamor popular que se opuso al proyecto, las obras fueron adjudicadas el 19 de enero de 1998 por decisión conjunta del Ministerio de Medio Ambiente y del gobierno asturiano, a favor de la conocida empresa Fomento de Construcciones y Contratas. Inmediatamente, en menos de quince días, comenzaron las obras para no dar tiempo a reclamaciones ni movilizaciones de oposición.

El presupuesto de construcción del funicular es de 1210 millones, pero difícilmente podrá terminarse con menos de 2000. Desde un principio quedó claro que la obra supondría la destrucción de los acuíferos y complejos kársticos subterráneos. El proyecto original contemplaba una serie de circunstancias por las que deberían pararse las obras, incluido un caudal máximo de agua producida por filtraciones y acuíferos. Sin embargo, estas paradas sólo se produjeron cuando las bolsas de agua y los acuíferos atravesados por el túnel impidieron seguir trabajando a la máquina que horada la piedra.

El Collado Pandébano y La Terenosa

El Collado Pandébano y La Terenosa

Sin embargo, no hay que dejar de felicitarse por esta solución. Las alternativas barajadas incluían un teleférico a lo largo de la canal, una carretera por el mismo lugar o un túnel para tráfico rodado a través de Peña Main, cuyos escombros estaba previsto arrojar, directamente, al cauce del río Duje.

Apoyados por los presidentes de Asturias y Castilla-León, que solicitan una suavización de las restricciones inherentes a la figura del Parque Nacional, algunos empresarios y promotores turísticos exponen sus proyectos prometiendo empleo y desarrollo económico.

Poco o ningún espíritu montañero se encuentra en estos proyectos e incluso resulta significativo que las principales movilizaciones provengan de grupos ecologistas más que de grupos montañeros o la propia Federación Asturiana, cuyo papel en todo el asunto se ha limitado a algunos tímidos comunicados de oposición a estos planes.

Está prevista también la construcción de un tren a cremallera desde Covadonga hasta los Lagos Enol y Ercina, con la supuesta intención de impedir la circulación por la carretera de vehículos privados y cuyo proyecto ha recibido ya la desaprobación de la Junta General del Principado y todos los grupos ecologistas y naturalistas.

Hace unos años, y en las proximidades de estos hermosos lagos, fue construida el Area de Buferrera, con la intención de servir de aparcamiento y centro de recepción de visitantes, impidiendo con ello la diseminación de coches y establecimientos hosteleros en la zona. Completamente terminada, nunca entró en funcionamiento.

Otro de los proyectos que se mencionan es la construcción de un telecabina hasta la Vega de Urriellu, edificando un hotel a pie del Naranjo de Bulnes como “complemento” al refugio de la Federación de Montañismo del Principado, con capacidad para un centenar de personas.

Hasta aquí llegaron en agosto de 1904 don Pedro Pidal y un pastor amigo suyo al que llamaban El Cainejo. El Marqués pretendía escalar la inaccesible mole del Pico Urriellu, también llamado Naranjo de Bulnes, antes de enterarse de que “unos alpinistas extranjeros habían tremolado con sus personas la bandera de su Patria sobre la cumbre virgen del Naranjo de Bulnes, en España, en Asturias y en mi cazadero favorito de robezos

Como preparación había ido a Londres a comprar una buena cuerda y unas alpargatas y se había entrenado en Chamonix escalando la difícil Aguja del Dru. La realidad es que la difícil escalada la realizó en su mayor parte el pastor, destacado trepador entre los habitantes de Caín, de los que se ha dicho que no mueren, sino que se despeñan.

Alcanzada la cumbre, construyeron unas pirámides de piedras de las que escribió al relatar su hazaña: “Vosotras testificaréis nuestra subida, no para halago de necia vanidad, que no sentimos, sino como ejemplo y emulación a los esfuerzos, y como timbre de gloria para hacernos acreedores a una inmortalidad en el Paraíso de los Picos, en el verdadero, genuino y varonil Olimpo de los dioses!…

El cuatro de marzo de 1999, y merced al trabajo de tres especialistas mineros, ininterrumpido durante casi doce horas, se agrandó el agujero que unos días antes había comunicado por primera vez el aire de Poncebos con el cercano a Bulnes. Cuando el primero de los trabajadores pudo por fin atravesar la brecha y salir a la superficie, los habitantes de Bulnes los recibieron con voladores y cava.

Para ellos supuso un hito histórico, en que vieron satisfecha su antigua demanda de comunicación, que algunos califican de obstinado empeño por no escuchar a razones. En la cotidiana realidad de su aislamiento, de la belleza de su entorno y de la Naturaleza con la que casi siempre han sabido convivir, no pueden ni quieren ver el cambio que en estos elementos va a producir el nuevo medio de cómodo transporte.

Después de la construcción y puesta en marcha del funicular y sus infraestructuras auxiliares, como la estación terminal o el aparcamiento subterráneo previsto para Poncebos, comenzarán a llegar los turistas, con una lata de refresco en la mano que estorbará demasiado para caminar con ella siquiera cuatro pasos hasta una papelera. Con su ruido, sus problemas, su actitud y probablemente con menos dinero del que se espera. Y la montaña habrá perdido un poco más de terreno, la Naturaleza habrá perdido un poco más de su carácter, y el mundo habrá perdido otro paraíso. Dios quiera que nos equivoquemos.

 La tumba del Marqués, en Ordiales

La tumba del Marqués, en Ordiales

En Ordiales fue enterrado el Marqués de Villaviciosa siguiendo su efusivo deseo: “Nosotros enamorados del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, y morir y reposar eternamente, pero esto último en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos, y las águilas, allí donde conocimos la felicidad de los cielos y de la tierra, allí donde pasamos horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoramos a Dios en sus obras como a un Supremo Artífice, allí donde la Naturaleza se nos apareció verdaderamente como un templo“.

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