Parque Nacional Isla del Coco. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1997

Viaje de placer a Costa Rica

En un viaje que realicé durante el mes de agosto del año pasado, combiné lujo y vida salvaje explorando poblados fuera del camino, bosques tropicales primitivos, prístinas playas del Océano Pacífico y la cultura caribeña —todo a cien kilómetros de la capital de Costa Rica, San José-. La ciudad reside en un valle al centro del país, ubicada increíblemente a tres mil metros sobre el nivel del mar aunque a cuatro horas de distancia de ambas costas. Hay volcanes por todos los lados de la ciudad, pero los bosques tropicales y los parques nacionales están cerca.

Mi itinerario incluía una noche en un chalet de estilo suizo anidado en las montañas al norte de San José, un poblado camuflado cerca al Parque Nacional de Carara y un hotel caribeño repleto de tortugas inmensas, en el asentamiento de Tortuguero ubicado en la costa noreste. La hospitalidad en todas partes era de primera categoría; no parecía poder encontrar a los groseros Ticos, como se les llama a los costarricenses.

Parque Nacional Isla del Coco. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1997
Parque Nacional Isla del Coco. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1997

Empecé mi viaje cerca de la capital, en el lujoso y colonial Hotel Alta. Para ingresar al restaurante del hotel (el mejor de San José) desciendes a lo largo de un angosto y enroscado pasillo con rastros españoles. Del restaurante y del hotel mismo se pueden apreciar paisajes hermosos del valle, así que si no quieres gastarlo todo en alojamiento, considera la posibilidad de visitar el restaurante.

Un poco más hacia el campo, el Hotel Chalet Tirol está a 30 minutos al norte de San José, en San Rafael de Heredia. Parte del atractivo, por extraño que parezca, es que la posada está llena de insectos. El «genio de los insectos» de la casa, Richard Whitten, es un biólogo y entomólogo que ha estado recolectando y documentando los insectos que conforman la impresionante biodiversidad de la región. Su extraordinaria colección de mariposas, escarabajos, arañas y millones de insectos no te decepcionará. ¡El museo que ha levantado es una meca para los animales invertebrados con esqueletos externos y los apéndices unidos!

Para los que están más interesados en la cultura que en los invertebrados de seis patas, el Festival Internacional de Música de Costa Rica, que se lleva a cabo cada mes de agosto, incluye recitales de música clásica por todo el país, incluyendo a San José. Los locales para las presentaciones van desde el gran Teatro Nacional hasta el anfiteatro griego que se asoma por un acantilado sobre el Pacífico. El festival presenta a jóvenes virtuosos que demuestran que Salzburgo y Aspen no son los únicos lugares para ensanchar los horizontes musicales del verano.

Esferas de piedra en su sitio original, Valle del Díquis, Palmar Sur, región de Osa, Puntarenas
Esferas de piedra en su sitio original, Valle del Díquis, Palmar Sur, región de Osa, Puntarenas

Maravillas al aire libre en Costa Rica

Perderse entre las densas enredaderas de Costa Rica es fácil por un tercio del país es parque nacional y hay gran cantidad de actividades para disfrutar del exquisito verdor.

Tras abandonar el área cercana a la ciudad, partí en balsa por el Río Pacuare, una maravilla tanto para balseros novatos como expertos del kayak. Este vigoroso río corre por las abundantes cataratas que caen por ambos lados al río y ocasionalmente a las balsas. Unas pocas posadas apartadas flanquean los lados del río y están disponibles para pasar la noche.

Si te interesa más lo que está pasando sobre los árboles que debajo de ellos, el Tour Original Canopy (con cinco lugares visitados a lo largo del país) simula un vuelo a través de la bóveda celeste sobre el bosque tropical. De plataformas parecidas a casita de árboles a 60 metros sobre el suelo, te abalanzas sobre —y a veces a través de— los densos árboles amarrado a un cable de acero que va de una casita de árbol a otra. A esta altura, la selva cobra vida con sus árboles de helechos de 10 metros, monos aulladores rugiendo y exóticos y coloridos pájaros como los tucanes esmeralda.

Durante mi paseo por la bóveda celeste, el coro de pájaros fue interrumpido cuando un mono araña comenzó una ofensiva masiva sacudiendo ramas. Alcé la vista para mirar al mono del tamaño de un sabueso pequeño y con furiosa mirada de «más te vale que te largues ahora mismo» justo cuando estaba soltando una lluvia de orina. De más está decir que seguimos adelante.

Otra opción selvática más sencilla es la del Rain Forest Aerial Tram, ubicado a una hora al noreste de San José. Un viaje de ida y vuelta en una góndola convertible que vuela sobre y a través de la cima de los árboles cuesta como dólares. Esta manera de apreciar la biología permite una mínima intrusión en la bóveda selvática, asomándose a sesenta metros pies sobre el suelo. Este «yacimiento de genes terrestres» donde árboles de 600 años de antigüedad, que florecen con colores de caleidoscopio, parecen remolinear allá abajo desde este perspectiva.

El Monumento Nacional Guayabo, en Turrialba, es el principal sitio arqueológico del país.
El Monumento Nacional Guayabo, en Turrialba, es el principal sitio arqueológico del país.

La Costa Este de Costa Rica

La frontera de la costa este de Costa Rica está escasamente poblada, pero es un paraíso para las tortugas marinas y un excelente lugar para descansar. Me dirigí a la Posada de Tortugas —estratégicamente ubicada en el pueblo de Tortuguero— para contemplar la última puesta de sol.

Unas 650 personas habitan el adormilado pueblo de Tortuguero. Seis de las ocho especies de tortugas marinas del mundo anidan en las costas cercanas a Costa Rica y las tortugas verdes acuden a la eterna primavera de Tortuguero. Las tortugas verdes hembras se congregan en la orilla para poner sus huevos entre junio y octubre de cada año. Las tortugas recién nacidas que sobreviven no regresan a poner huevos hasta que cumplan 25 años de edad. Ver a las tortugas gigantes poner cientos de huevos en hoyos inmensos a la luz de la luna, y luego cubrirlos y regresar al mar, debe ciertamente figurar en tu lista de prioridades.

El pueblo en sí es un maravilloso vecindario de chozas techadas con hojas de palma. Las rústicas «tabernas» al lado del mar dan una sensación de agua pantanosa estancada, colocadas detrás de una playa de sólo 200 metros de ancho que sirve de barrera. Mientras disfrutaba la puesta de sol en el «vestíbulo» de Tortuguero al pie del río, mi guía identificó el águila pescadora y a la garza-tigre de garganta desnuda. El ritual de la puesta de sol marcó el punto de quiebre ceremonial de otro día costarricense: excursiones por terrenos escarpados de día, simple elegancia por la noche. Sobre el sonido de las olas mi guía señaló una bandada de aves, bromeando: «Ahí va la Fuerza Aérea de Costa Rica«. El país no tiene fuerzas militares.

Río Tortuga en Costa Rica
Río Tortuga en Costa Rica

En la costa opuesta, hice una caminata al amanecer a lo largo de una playa del Pacífico. Con gaviotas y halcones dando vueltas sobre mí, me encontré con un grupo de surfistas norteamericanos que acampaban en su autodeclarado «ghetto surf». Uno de ellos me preguntó quién era el presidente de Estados Unidos. Costa Rica puede ser un lugar hedonista, un descanso fuera de un mundo que ha sido tomado por supersticiones materialistas.

Costa Rica es un destino turístico inevitablemente tranquilo.

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